Lena

“Només volia escriure’t per dir-te que me’n recordo molt de tu i de la teva manera tan positiva de veure la vida…”

Todavía guardo un correo para ti en borradores desde hace ya más de un año. Lo escribí al poco tiempo de aterrizar en este país de locos. T’agradaria molt la Xina. Todo esto ya no tiene sentido. Las palabras se pierden poco a poco en el limbo del pensamiento. Cómo pesa lo que no ha podido ser dicho. Las cartas condenadas a no ser enviadas.

Pensé en llamarte cuando fui a Barcelona el mes pasado. Pero ya sabes, sólo estuve un par de días y presupuse que nos costaría encontrar un momento para coincidir. Excusas. Y ahora me dicen que te has ido ya. Sin darle la oportunidad a la vida de juntarnos algún día en una cafetería por cualquier pequeña casualidad. Sin darnos tiempo a un cuéntame cómo te ha ido todos estos años.

Recuerdo aquellos días de universidad en los que te conocí como tu ayudante. El alma que ponías en absolutamente todos los detalles. Las fuerzas, las ganas, la ilusión. Lo mucho que me recordabas a mi madre. La enseñanza no es para mí, te decía. No digas tonterías, contestabas.

No sólo me enseñaste tu amor por las letras, las palabras. Y esa palabra que hice mía, que quiero tanto: lletraferida. Un artículo sobre literatura. Un poema. Una noticia bien escrita. Cada día aparecías con un nuevo texto, un libro, una canción. Nunca parabas, sabías que la vida iba demasiado rápido como para desaprovechar un segundo.

Fuiste todo eso y mucho más. Aprendí a disfrutar de la sensación de los pies descalzos sobre la hierba, del sol en la cara. Las cosas pequeñas, las importantes. Me presentaste a Manel. A través de tus ojos vi lo importante que es poner pasión en todo lo que hacemos. Inundabas la habitación con tu entusiasmo embriagador.

Por todo ello lo único que puedo hacer ahora es darte las gracias. Nunca fuiste mi profesora. Pero yo sí he sido tu alumna. Y marchándote así me enseñas tu última lección, la más importante de todas. Que no se trata de dejar nuestra marca en los libros, las calles, las estatuas. Lo que de verdad hace que este viaje valga la pena es esa otra marca que dejamos en las personas que nos han acompañado, imborrable.

mentres fora de l’ull les espelmes es van apagant…

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