“En Pekín hay veinte millones de personas fingiendo vivir”

Tras tener esto muy abandonado, he decidido publicar una entrada un poco diferente. A menudo veo artículos en chino que me parecen muy interesantes y es una pena que no se tenga acceso a ellos en español. Uno de estos artículos es el publicado el pasado 23 de julio por el bloguero chino Zhang Wumao con el título “En Pekín hay veinte millones de personas fingiendo vivir” (北京有2000万人假装在生活).

En el texto se habla de distintos aspectos de la vida en Pekín y las penosas condiciones que padecen algunos habitantes de la metrópolis china. El artículo ha tenido mucha repercusión en las redes sociales del país hasta llamar la atención de la censura (que lo ha eliminado casi por completo de las mismas). Su alcance ha sido tal que ha recibido respuestas de algunos periódicos nacionales y personas individuales con títulos que imitan al original como: “En Pekín, hay veinte millones de personas que viven valientemente”.

Aunque coincido con algunas cosas pero discrepo en otras (o más bien creo que el artículo solo refleja una de las mil caras de las ciudad); sí es cierto que el Pekín del que habla Zhang Wumao es real para muchos. Especialmente para los inmigrantes del campo. Aquí os lo dejo para que opinéis vosotros mismos:

En Pekín hay veinte millones de personas fingiendo vivir

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Beijing no tiene calor humano

Los amigos de fuera de la ciudad a menudo critican: “la gente de Pekín tiene mucho dinero y les gusta presumir, pero no son amables. Vengo a tu misma ciudad, ¿y no podemos ni vernos? Nos conocemos desde hace años, ¿y ni siquiera me acompañas al aeropuerto para despedirme?” Lo cierto es que es difícil para los pekineses ser tan hospitalarios como la que vive en otras zonas de China. Ir a recogerte y llevarte o mostrarte la ciudad son cosas que cuestan de verdad como para que lo hagan por ti.

Los pekineses están muy ocupados. Ocupados hasta las once de la noche, cuando todavía están atrapados en un atasco por el tercer anillo. El coste en términos de tiempo de las relaciones sociales en Pekín es demasiado alto, tan alto que es más rápido ir a cenar a la ciudad vecina de Tianjin, que ir desde Shijingshan (oeste de Pekín) hasta Tongzhou (al este). Pekín es muy grande, tan grande que no parece en absoluto una sola ciudad.

¿Cómo de grande es en realidad Pekín? Es tan grande como 2.5 veces Shanghái, 8.4 veces Shenzhen, 15 veces Hong Kong, 21 veces Nueva York o 27 veces Seúl. En el año 2006 cuando llegué a Pekín, el metro sólo tenía las líneas 1, 2 y 13. Hoy en día, a no ser que haga una búsqueda en Baidu, me es imposible recordar cuántas líneas tiene ya la ciudad. Hace 10 años iba en autobús a buscar trabajo y me negaba a ir a entrevistas fuera del cuarto anillo. Ahora  las grandes compañías como Jingdong, Tencent y Baidu están todas fuera del quinto.

Cuando vinieron amigos míos de fuera a Pekín, pensaban que estábamos muy cerca, pero en realidad no estamos en la misma ciudad, estamos en muchas ciudades distintas: Haidian, Guomao, Tongzhou, ShijingShan… Si tenemos en cuenta el tiempo, una persona de Tongzhou que esté saliendo con una de ShijingShan estará en una relación a distancia, si vamos desde el norte del quinto anillo hasta Yizhuang, podemos decir que hemos hecho un viaje de negocios.

Durante los últimos diez años, Pekín ha controlado continuamente la vivienda, el tráfico y la población, pero este bollo de pan no hace más que expandirse y hacerse más y más grande. Hasta tal punto que un compañero de clase de Xi’an me llamó y me dijo que también estaba en Pekín, cuando le pregunté en qué zona exactamente su respuesta fue: en el decimotercer anillo.

Pekín es un tumor y nadie puede controlar lo rápido que crece. Pekín es un río y nadie puede decir con seguridad dónde están sus límites. Pekín es un creyente, y solo Xiongan (NT: Xiongan es un centro de desarrollo estatal en la provincia cercana de Hebei) puede traerle la salvación.

La frialdad de los pekineses no se dirige únicamente a la gente de fuera, se tratan de la misma forma entre amigos de la ciudad. Cada vez que algún compañero del colegio o la universidad viene a Pekín y nos reunimos suele decir: “¿Aquí en Pekín os veréis a menudo no?” A lo que contesto, “Las veces que vosotros venís en un año, son más o menos las veces que nos vemos”.

En Pekín, si hemos intercambiado las tarjetas de visita es que ya nos conocemos, si nos llamamos un par de veces al año, podemos llamarlo una buena amistad. Si hay alguien a quien no le importe ir del este al oeste de la ciudad únicamente para comer contigo, es que sois amigos de por vida. Aquellos a los que vemos todos los días y con los que comemos siempre, son solo compañeros de trabajo.

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Pekín es en realidad el Pekín de los forasteros

Si a una persona china le pides que escoja una ciudad que visitar obligatoriamente en su vida, estoy convencido de que la mayoría escogerán Pekín. Porque es la capital, donde está Tian’anmen, la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y cientos de teatros, grandes y pequeños. Desde teatro moderno, ópera u obras tradicionales hasta diálogos cómicos o duetos de baile y danza típicos de las provincias del norte,  no importa que te guste el arte intelectual o el popular, en Pekín siempre podrás encontrar lo que tu espíritu precise. Pero estas cosas no tienen nada que ver con la gente de Pekín.

Si entras en los grandes teatros de la ciudad, seis de cada diez personas son gente de fuera con diferentes acentos, otros tres más acaban de llegar a Pekín, gente joven que no ha tenido suficiente de la novedad. El último que queda, sentado en la esquina matando el tiempo aburrido con el teléfono, es el guía local.

En los once años que llevo en Pekín, he visitado once veces la Gran Muralla, doce veces la Ciudad Prohibida, nueve el Palacio de Verano y veinte el Nido. Me siento completamente indiferente ante las impresionantes construcciones de larga historia de esta ciudad. Cuando subo a la Gran Muralla, solo suelo pensar en la dama Meng Jiang (NT: heroína de la dinastía Qin que recorrió una larga distancia para ver a su marido que trabajaba en la muralla, cuando llegó allí él había muerto el día anterior. La leyenda cuenta que las lágrimas de ella abrieron tal grieta en la muralla que mostraron el cuerpo de su marido), encontrando difícilmente ese orgullo nacional por una de las maravillas del mundo. Caminando por la Ciudad Prohibida, solo veo una habitación vacía tras otra, incluso la pocilga de mi pueblo tiene más vida e interés.

Cuando se habla de Pekín lo que mucha gente piensa inmediatamente es la Ciudad Prohibida, Houhai, el barrio artístico 798…piensan en historia, cultura y rascacielos. ¿Estas cosas son buenas o malas? ¡Buenas! ¿Te hacen sentirte orgulloso o no? ¡Claro que sí! Pero estas cosas no nos darán de comer. Lo que los pekineses sienten más son los atascos, la contaminación y los altos precios de la vivienda que los asfixian. Sienten que cuando salen de casa no se pueden mover, y en casa no pueden respirar.

 

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Pekín, en el fondo, es el Pekín de los pekineses

Si todavía se puede afirmar que Pekín tiene ese tenue olor a humo, entonces este es el humo que sale de los locales que han vivido aquí durante generaciones. Este olor proviene de los pajarillos en jaulas que crían, sale de los calmados ventiladores de hojas de palma que limpian el aire tras las cenas, sale de ese tono arrogante que tienen los taxistas…

Los pekineses intentan con ganas dejar un halo de vida en esta ciudad, haciendo que parezca un sitio en el que la gente vive.

Este halo de vida de la gente de Pekín se lleva en los genes, y también emana de las entrañas de sus cinco apartamentos. Mientras que los oficinistas del distrito Oeste están emocionados con sus pagas extraordinarias de final de año, los nuevos ricos de la zona sur de la ciudad dirán orgullosos que tienen cinco apartamentos. Cuando los programadores informáticos de Haidian acaban de escribir un código, miran fotos de Zhang Zhetian, esposa del fundador de JD, Richard Liu, y fantasean con ser él, los  nuevos ricos de la zona sur de la ciudad seguirán con afirmando con seguridad que tienen cinco apartamentos. Cuando la élite de los medios de comunicación en Chaoyang acabe de firmar un gran pedido y mire tras las ventanas de sus oficinas en el CBD contemplando las vidas de la gente, se seguirá escuchando a los nuevos ricos de la zona sur, repitiendo con arrogancia, “yo tengo cinco apartamentos”.

Si no tienes cinco apartamentos, ¿Cómo puedes estar tranquilo? ¿Cómo puedes sentir ese halo de vida? ¿Cómo podrás relajarte como los viejos de Pekín, jugar al ajedrez, entretenerte con los pájaros, escuchar ópera china y beber té?

En Pekín, la generación de inmigrantes que no tiene vivienda, está destinada a permanecer atrapada en el sistema inmobiliario de por vida. Luchan durante más de una década para comprar el apartamento del tamaño de una jaula de un pájaro y luego tienen que pasar otra década luchando para cambiarse a una segunda casa un poco más grande. Si prosperas pronto, enhorabuena, puedes plantearte un apartamento en la zona universitaria.

Como si al tener un piso en la zona de las universidades, tus hijos ya pudieran ir a Tsinghua o la Universidad de Pekín. Sin embargo los que se gradúan en estas universidades no pueden permitirse comprar un piso. O se quedan acompañándonos en nuestros pisos abarrotados y destartalados, o empiezan la lucha desde cero, para poder comprar uno ellos mismos.

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En el año 2015, la película “Mr.Six” llegó al cine. En mis momentos de Wechat (NT: red social cuyos “momentos” son similares al muro del Facebook) todo el mundo ridiculizaba al protagonista por su “sabor pekinés”. Yo sentía algo similar.

En mi más de una década en la ciudad, siempre me he negado a ir a Wukesong a ver al Shougang (equipo de baloncesto local) o al Estadio de los Trabajadores a ver al Guoan (fútbol); porque no tengo verdadera pasión por ellos ni tampoco puedo insultar y maldecir al estilo de Pekín. Pero tras mucho tiempo aquí, alcanzarás cierto entendimiento mutuo con los locales. Una vez tengas un conocimiento real de ellos, no habrá forma de que los etiquetes tan fácilmente.

De hecho, no todos los locales son poco amistosos con los de fuera, muchos de mis amigos son niños ricos de Pekín. Y tampoco es que ninguno de los jóvenes de Pekín quiera progresar, sentándose a disfrutar los logros de otros, de hecho la mayor parte de los jóvenes locales luchan tan diligentemente como nosotros.

Puede que no te guste Mr. Six, que no te guste su forma pekinesa y arrogante de presumir e insultar, pero aún así tienes que respetarlo. Como respetas a la gente del noreste que lleva collares de oro o respetas a los de Shandong que comen cebollinas. Es su cultura y sus costumbres. Si no puedes aplicar aquello de allí donde fueres haz lo que vieres, lo mínimo que puedes hacer es respetarlo en la distancia.

Una vez tomé un taxi a la calle Lin Cui. Temía que el conductor no supiera cómo ir y abrí el GPS en mi teléfono para ayudarle. Dijo que no hacía falta porque que conocía el sitio: hace 30 años allí había una fábrica de harina, hace diez la fábrica fue derruida y se construyeron viviendas sociales. Le pregunté cómo conocía tan bien la zona y con la pena dibujada en la cara me contestó: allí estaba mi casa.

Pude escuchar la nostalgia y el resentimiento en sus palabras. Para los nuevos inmigrantes Pekín es un sitio lejano en el que no pueden permanecer, para los locales, la ciudad es un hogar al que no pueden retornar.

Nosotros, como extranjeros, nos quejamos de Pekín mientras echamos de menos nuestros pueblos natales. Sin embargo, tenemos la oportunidad de volver a ellos. Todavía están ahí. Es solo que cada vez van cayendo más en la decadencia diaria y ya no tenemos forma de adaptarnos allí. Pero para los nativos de Pekín, ya no hay vuelta atrás a su pueblo natal, el cual ha cambiado a una velocidad sin precedentes. Nosotros todavía podemos encontrar la antigua casa de nuestro abuelo, pero para muchos pekineses, la única opción para encontrar su casa natal es a través de las coordenadas de un mapa.

Algunos dicen que somos los de fuera los que hemos construido Pekín, que si no fuera por nosotros, la gente de Pekín no tendría ni para el desayuno. Es la gran cantidad de gente de las provincias la que ha hecho que suban los precios de la vivienda de la ciudad, creando una ciudad próspera. Pero, ¿lo has pensado alguna vez? Puede que los locales no necesiten este tipo de prosperidad, ni tampoco necesiten que suban los precios de la vivienda. Ellos son como nosotros, deseando un lugar donde vivir con montañas y ríos idílicos, pocos coches y menos personas.

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Este año han comenzado a enladrillar “los agujeros de la pared” del centro de la ciudad. Cada vez más pequeñas tiendas, hoteles y restaurantes son forzados a cerrar y  un mayor número de gente con trabajos de baja calificación ha sido forzada a marchar. Esta forma de control basada en “disfrazar” y “adelgazar” nos pone en el camino hacia una ciudad más moderna y con clase, pero deja cada vez más lejos una vida cómoda y económica, alejándonos también del espíritu tolerante y abierto de la ciudad.

Aquellos que buscaban cumplir sus sueños están escapado lejos: Australia, Nueva Zelanda, Canadá o la Costa Oeste de los Estados Unidos. Aquellos que han perdido la esperanza de alcanzarlos también se han ido lejos. Se han vuelto a Hebei, al noreste del país y a sus casas.

Quedan 20 millones de personas en esta ciudad, pretendiendo vivir. Pero en realidad, no queda vida en esta ciudad. Aquí solo quedan los sueños de unos pocos, y el trabajo de muchos.

Original: Zhang Wumao

Traducción: Sara Viñas

Gracias a Manya Koetse por dejarme utilizar su traducción en inglés para contrastar. La podéis leer aquí. Thanks Manya 😉

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Un comentario en ““En Pekín hay veinte millones de personas fingiendo vivir”

  1. Maravillosa traducción de un maravilloso artículo. Es una vergüenza que su autor haya sido presionado por las autoridades a pedir perdón por él. Una prueva de la locura que está alcanzando la represión con Xi.

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