La autora

Me llamo Sara Viñas y tengo 27 años. Cuando tenía 17 decidí abandonar mi Simes natal y estudiar Traducción e Interpretación en la Universitat Autònoma de Barcelona.

La razón o excusa para cruzar el mapa fue mi lengua C (esa decisión que parecía que nos cambiaría la vida), que en mi caso es el chino. ¿Que por qué chino? Creo que todos los que hemos escogido este idioma (o cualquier otro idioma que se considere rarito) hemos contestado ya mil veces a esta pregunta, yo cada vez me invento algo nuevo: que si mi pasión por el arroz tres delicias fue lo que me decidió, un mensaje de una galletita de la suerte que marcó mi destino…¿La verdad? No me acuerdo.

Lo mío por la traducción fue una historia de amor a fuego lento. Siempre me han gustado las palabras. Aprendí a leer antes que a andar (é un falar) y de pequeña escribía y regalaba poemas de rima consonante a todo aquel que se me cruzara por delante. Recuerdo veranos que me zampaba libros como bollycaos. Siempre se me dio bien eso del inglés, y con él llegó mi primer trauma infantil. Mi profesora de inglés me sacó de clase (estaba yo por 3º o 4º) y me llevó a 6º para que les explicara el porqué de “an apple”, confiando inocentemente en mis “expertos conocimientos para mi edad”. Resultado: allí me quedé yo, 10 años minutos petrificada delante de los niños más guays del cole y sin decir ni mu. Desde aquella no he vuelto a comer manzanas.

En la facultad aprendí de todo y de nada y en el que fue mi nuevo hogar aprendí un idioma que quise y sentí mío desde el primer momento, el catalán, que es casi tan bonito como el gallego. Fue en mi último año en Barcelona cuando una gran profesora y mejor persona me enseñó la palabra més maca del diccionario: lletraferida, y así me defino desde entonces.

Un lletafrerit/lletraferida es un  “amant de conrear les lletres” (amante de cultivar las letras), dice la Enciclopèdia Catalana. ¿Hay algo más bonito?. Y a eso me dedico aquí, a cultivar mis letras, mis palabras, tratarlas con mimo, traducirlas a veces y así hacerlas felices, por qué no. Ellas son mis Happy Words.  

Actualmente navego entre la traducción, la comunicación intercultural y los negocios. Cada ciudad en la que vivo me gusta más que la anterior y he visto amanecer a diario en Barcelona, Londres, Swansea, Granada, Tianjin, Hangzhou y Beijing. Cambio de opinión a menudo y quizás cuando publique esto, piense todo lo contrario. Una cosa tengo clara, a este mundo he venido a reírme, y mucho.

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